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Tuesday, 22 May 2012

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Balance Histoire de l'Armada

Combate de Trafalgar

El 23 por la tarde, un escuadrón hispanofrancés formado por cinco navíos y las cinco fragatas francesas, al mando del comodoro Cosmao-Kerjulien, logró represar los navíos españoles Santa Ana y Neptuno, que serían llevados a la bahía de Cádiz a remolque de sendas fragatas. El temporal continuaba y los navíos españoles Neptuno y San Francisco de Asís, y los franceses Indomptable, Aigle, Bucentaure y Berwick se fueron sobre la costa y naufragaron. El Rayo, tras la salida del 23, fue capturado por los Donegal y Leviathan e incendiado el 31 de octubre. Se estiman las bajas francesas en 4.637 hombres, entre ellos los ahogados, y las españolas en 2.497. Las británicas ascendieron 1.663, aunque muchos de los heridos fallecerían posteriormente a causa de las mutilaciones.

La escuadra combinada había perdido 23 navíos desde el 21 de octubre al 4 de noviembre de 1805, incluidos los cuatro de Dumanoir apresados por el escuadrón de Strachan; tan sólo quedaron a salvo en Cádiz cinco navíos franceses y cinco españoles; todos pudieron ser reparados y entrarían de nuevo en servicio. Las fragatas y bergantines franceses regresaron a puerto sin novedad. De los navíos británicos quedaron siete totalmente desmantelados, pero no perdieron ninguno y una vez carenados volvieron a entrar en servicio. La victoria de Nelson, pues, había sido decisiva.

La maniobra estratégica de Napoleón que condujo a Trafalgar fue sin duda bien concebida pese a sus continuos cambios, pero tropezó con las dificultades inherentes a la época de la navegación de vela para conseguir la reunión de las fuerzas en un punto determinado y a tiempo oportuno. El objetivo prioritario de los aliados debió haber sido desde el principio la destrucción de las fuerzas navales del enemigo en una acción decisiva, justo lo que obsesivamente persiguió Nelson a lo largo de toda la campaña. Los mandos subordinados ingleses llevaron siempre la iniciativa, lo que no ocurrió del lado francoespañol, permanentemente desorientado por la reserva del Emperador al negarse a comunicar sus verdaderas intenciones.

Para Inglaterra, Trafalgar significó el principio del fin de la era napoleónica y el comienzo de un incontestable ejercicio del poder naval que le llevaría a la hegemonía mundial detentada durante siglo y medio.

Para Francia, la derrota no significó el abandono de la proyectada invasión de Inglaterra; esta decisión la había adoptado Napoleón más de un mes antes. Si bien la nación reafirmó su mentalidad continental a costa de la marítima, el espíritu corporativo de la Marina francesa no se abatió. La pérdida de navíos no sería considerada como significativa. Continuó creyendo en su propia capacidad para seguir los planes de Napoleón, fundamentalmente después de la brillante campaña de Austerlitz. Pero Napoleón estaba desilusionado por el rendimiento de su estrategia naval y, por otra parte, el canal de la Mancha seguía siendo una barrera infranqueable para quien no tuviera la superioridad en fuerzas navales.

Para España, Trafalgar sí fue una catástrofe. Aunque la Armada podía haberse repuesto de las pérdidas sufridas en el combate y aún disponía de fuerzas nominales respetables, la falta de una verdadera política nacional, el desgobierno y el abatimiento reinantes en las postrimerías del reinado de Carlos IV, hicieron imposible su resurgir pese a los esfuerzos de Gil y Lemus al frente de la Secretaría de Marina. Estas circunstancias provocaron el cese de la construcción naval militar durante años, la pérdida de muchos buques por falta de carena y la drástica reducción del personal de la Marina, lo que trajo consigo su ruina y la paralización de las comunicaciones con los virreinatos americanos. Al agravamiento del estado de la Hacienda pública por la interrupción de la llegada de caudales a la Península, se añadió la posterior Guerra de la Independencia y el fin del imperio ultramarino español. En resumen, Trafalgar significó el ocaso de España como potencia marítima y por lo tanto europea, lugar que había ocupado con honor desde el siglo XV.

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