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Tuesday, 22 May 2012

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Ceremonial Histoire de l'Armada

La dedicación a los aspectos más técnicos de la profesión no debe inducir al abandono de la tradición y normas de conducta heredadas de nuestros predecesores, que ha configurado desde antaño la personalidad del oficial de la Armada.

La práctica de nuestra profesión es un arte pacientemente elaborado a través de una larga historia. Un arte que a lo largo de los siglos ha generado costumbres y hábitos hasta producir manifestaciones externas de singular belleza. Esta belleza, nunca reñida con la eficacia, se expresa en la presentación de nuestros buques y dotaciones, en su aspecto cuidado, en la solemnidad sencilla de sus actos y ceremoniales, algunos íntimos y diarios, y otros públicos, que todos tenemos la obligación de conservar como un preciado patrimonio de la Corporación.

He ordenado la redacción de este "Libro de Ceremonial Marítimo" que no pretende otra cosa que complementar los reglamentos e infundir en ellos, a través de preceptos tradicionales en nuestra Armada, el alma que nos personifica por nuestro quehacer en la mar.

La observancia de su contenido deberá constituir timbre de honor para todos los componentes de la Armada, para el mayor prestigio y servicio de España.

CEREMONIAS COTIDIANAS.

Los actos reiterados corren el evidente riesgo de convertirse en mecánicos o rutinarios. Que se conviertan en mecánicos no es malo en sí, por el contrario, la habilidad técnica o artística y la elegancia personal suelen ser fruto de una repetición consciente de gestos bien hechos y medidos, hasta conseguir hacerlos sin pensar, con naturalidad, sin esfuerzo aparente. Lo que ya no es bueno es que se conviertan en desganada, en antipática y monótona rutina, en un fácil "salir del paso".

Ahora bien, lo realmente malo y desdichado es que se contaminen con el descuido, que los convierten en grosera chapuza, tolerable por una sola vez, pero que al repetirse degrada el acto en sí, ofende a quien lo presencia y descalifica al que lo ejecuta. El descuido hace que pequeñas ceremonias simples y entrañables se transformen en escarnio.

La continua ostentación de la Bandera, la ceremonia diaria de izarla y arriarla en puerto, el relevo de la guardia militar, las leyes penales, la oración, las entradas y salidas de puerto y el picar la hora con la campana revelan con su corrección y estilo la calidad de un barco y de sus hombres, y su ejecución debe cuidarse con esmero para que conserven, en su simplicidad, toda la emoción y profundo sentido que deben transmitir.

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