XC Crucero de Instrucción .- Buque escuela 'Juan Sebastián de Elcano'

Vida a bordo

Buque escuela 'Juan Sebastián de Elcano'
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Buque escuela 'Juan Sebastián de Elcano'

Vida a bordo, 11 de agosto de 2018

Mi última y larga noche

Hubiese preferido montar guardia en mi última noche. Al menos así no habría pasado sueño en balde. O al menos eso pensaba mientras daba vueltas en la cama. Era mi última noche a bordo y no podía conciliar sueño alguno a pesar de haber dormido poco el día anterior (fruto de las guardias y la actividad frenética de los últimos días).

Sabía que al día siguiente me reencontraría con mi familia, a la que hacía medio año que no veía. Por fin volvíamos a casa, a España. Me iría de vacaciones. Todo muy idílico. Pero entre tanta alegría no podía parar de pensar que era mi última noche en el “Elcano”.

Sabía que este día llegaría. Y no os voy a mentir, había días en los que deseaba que llegara ya. Se dice mucho en nuestra profesión aquel dicho de cuidado con lo que pides, no vaya a ser que te lo den… ¡Qué gracia! Pero el ser humano es así de inconformista: queremos lo que no tenemos y no valoramos lo que tenemos. Y entre medias ahí seguía yo dando vueltas en la cama. ¿Cómo es posible que un montón de hierro y cabos me quiten el sueño?

Este barco tiene algo que lo hace distinto al resto. Sólo hay que ver el cariño que le tenemos, no solo los más de 20.000 marinos que hemos servido en él, sino las miles y miles de personas que han pisado su cubierta, o los cientos de miles que lo han visto o han oído hablar de ese barco blanco, español, que surca los 7 mares desde hace ya casi un siglo, ese Embajador y Navegante.

En este buque-escuela embarqué de guardiamarina hace unos años para después volver de alférez de navío, de proto (profesor). Pues curiosamente he aprendido más en mi segunda etapa que en la primera, cuando lo lógico sería pensar que fue al revés. He madurado lo que no está escrito, como persona pero también como marino. He recorrido medio mundo. He conocido a gente maravillosa a bordo y en cada uno de los puertos que he visitado. He probado cosas nuevas, he visto cosas sorprendentes, hasta me he enamorado…varias veces…en muchos puertos. Y he envejecido, mi pelo puede dar fe de ello.

Por eso sé que voy a echar de menos a este bergantín-goleta. Por eso me gustaría quedarme más años. Pero la realidad es que este barco no merece que abusemos de él. Y quedarme sería abusar, porque me estaría dando más él a mí que yo a él. Eso no puede ser. Aquí más que en el resto de barcos debemos dar todo lo que tenemos y luego más. Porque de ello dependen los guardiamarinas que embarcan para cada crucero de instrucción. Sin ellos no tendría sentido el “Juan Sebastián de Elcano”, ni los guardiamarinas tendrían sentido sin el “Juan Sebastián de Elcano”. Aquí embarcan niños y salen hombres. Y eso solo lo conseguimos si todos, de paje a rey, nos volcamos en ellos.

Así que muy a mi pesar, es el momento de desembarcar. Quién sabe si volveré, ojalá. Pero como no sabemos las vueltas que da la vida, es mejor no pensar en eso, sino en los buenos momentos que hemos vivido a bordo, y en los malos también. Porque de todo se aprende y con el paso del tiempo hasta los malos momentos te sacan una sonrisa.

Me voy con la íntima satisfacción del deber cumplido, pero en deuda con este barco que tanto me ha dado, al que sólo me queda darle las gracias. Ya llegan los primeros bostezos. Puede que desahogar mis penas en este diario haya surtido efecto.

¡Buenas noches!

Vida a bordo 23 de julio de 2018

El homenaje a los héroes de Cuba

Amaneció pronto esta mañana, sobre las 5. Estaba yo de guardia de cubierta mientras contemplaba el horizonte. El caso es que me dio por reflexionar sobre los últimos meses. Este es ya el último tránsito que queda para acabar el XC Crucero: salimos de Charleston hace una semana, con rumbo a Cádiz. Atrás quedan meses navegando en distintos océanos, tras recalar en tantos países distintos. Habiendo conocido tantas culturas, distinta gente con sus costumbres y uno se da cuenta de la importancia de tener una cultura propia, que le identifique y le distinga de otros países. Ya que sin ella, España no sería España.

Pensando en España y en los países que hemos visitados, la mayoría fueron parte de España hace no tanto. Éramos todos compatriotas. Me hizo pensar en los motivos que tuvieron para querer separarse de España. Y por alguna extraña razón me acordé en el homenaje a los héroes de Cuba.

El martes 3 de julio, celebramos un acto de homenaje a los fallecidos en el combate naval de Santiago de Cuba, navegando en el mar Caribe en demanda de Charleston y muy cerca del lugar de los hechos, concretamente a 95 millas a levante y en el día en el que se cumplían 120 años del combate naval. En el “Juan Sebastián de Elcano” es habitual conmemorar esta derrota cuando se navega en las cercanías de la isla de Cuba.

Este combate fue parte de la guerra que libró Estados Unidos contra España para arrebatarle Cuba y Filipinas en 1898. A pesar de la más que probable derrota española, nuestros valientes marinos marcharon a la batalla, bajo las órdenes del Almirante Cervera, a bordo del crucero acorazado “Cristóbal Colón”, los cruceros “Infanta María Teresa”, “Vizcaya” y “Almirante Oquendo”, y los destructores “Furor” y “Plutón”.. En este acto de heroísmo perdieron la vida 323 marinos que dieron su vida por España, y hubo además 151 heridos en combate.

En el barco no hemos sido ajenos a los comentarios que han transcendido en las redes sociales y la prensa respecto a la figura del Almirante Cervera Topete. Por ello agradecimos que el comandante, en su alocución, defendiera al Almirante: “...Mucho se ha escrito sobre la Campaña de Cuba, pues son muchos ya los años transcurridos. Pero quede claro que, sean cuales sean los propósitos de estos estudios, jamás podrán poner en duda, además de la preparación, capacidad y audacia del Almirante Cervera, su integridad, sentido del honor, de la obediencia y de la disciplina, así como su valor y su lealtad a España”. Muy bien dicho ¡y que quede claro!

Hablando de los valientes fallecidos y heridos, me contó un compañero de la brigada de máquinas que le contaba su abuela que un antepasado suyo luchó en ese combate y además lo hizo con mucha honra. Al contarle esto al comandante, este habló con un historiador experto en la guerra de Cuba. Este historiador, marino también, le confirmó esta historia y además le aportó muchos más detalles. Impresionante.

Este acto fue especial para todos los miembros de la dotación, en especial para aquellos que tienen ascendentes que participaron en esta batalla. Por lo que cuando se cantó la oración, cuando la corona tocó el agua del Mar Caribe, se quedó una parte de este XC crucero en estas aguas. Una parte de la dotación del buque que jamás olvidará este acto tan especial y que tanto honor debe entrañar participar en él.

Vida a bordo, 07 de julio de 2018

Mi fin de semana

Son las 20:36, huso QUEBEC, del 7 de julio. Es sábado. Hace calor y no es para menos. Nos encontramos navegando por aguas caribeñas, concretamente a la altura de las Islas Bahamas. Suena a película, ¿eh? A veces no nos damos cuenta de que somos unos privilegiados, que lo estamos viviendo es único.

Ha sido ya el ocaso, pero todavía quedan los recodos de un Sol que nos ha acompañado durante todo el día. Luz suficiente para quedarnos un ratito más charlando en cubierta, o para hacer deporte, o para leer un poquito. Cualquier excusa es buena para seguir aquí fuera. Qué bien se está cuando se está bien.

De fondo tenemos música andaluza, consecuencia directa de tener un alto porcentaje de gaditanos a bordo. Dice la canción "para volver a volver, como lo has hecho mil veces" y es inevitable pensar en la vuelta a casa. Y es que queda poco más de un mes para volver a pisar suelo español. La "madre patria", como decían nuestros amigos sudamericanos cuando aún navegábamos con el resto de los barcos de “Velas Latinoamérica 2018”.

Poco a poco va anocheciendo. Otro día más que se nos queda por la popa. Ocaso tras ocaso; amanecer tras amanecer. Últimamente estamos disfrutando bastante de las 24h del día. Hemos acabado los principales exámenes y con el buen tiempo que tenemos podemos disfrutar de un par de horas de playas, tomando el Sol en los tranvías y refrescándonos con agua salada a través de una especie de ducha que siempre montamos cuando sale el Sol.

También hemos comenzado a vestir ropa más fresca. Esa es otra: ya desde el Canal de Panamá vestimos lo que nosotros llamamos uniformidad 'piruleta' (aunque el término correcto es de aguas cálidas), ya sabes, como si fuésemos niños de parbulitos: pantalones cortos y medias altas. La primera vez que nos vimos en el espejo con esto puesto nos entraba la risa. Pero bueno, cumple su función, que nos es más que comodidad y estar fresquitos.

Sin más, otro día más se nos va por la popa. En unas horitas será el cambio de guardia, comenzando los puntos nocturnos, que aquí nunca paramos. Mañana volvemos a empezar.

Vida a bordo, 04 de julio de 2018

El “recorrida”

Como mencioné anteriormente es necesario que se haga un control local y directo de los distintos equipos y maquinas en uso para garantizar su buen funcionamiento y que no haya nada que pueda suponer un peligro para el personal y el material del buque.

Es por ello que se realizan tres rondas llamadas recorridas; una de equipos eléctricos, una de máquinas interiores y otra de máquinas exteriores. Las recorridas de máquinas se realizan horariamente y la de electricidad la podemos dividir en dos partes. La primera es para la comprobación del correcto funcionamiento de los diésel generadores en uso y también se realiza horariamente y la segunda contiene información de equipos situados tanto en el interior como en el exterior del buque y se realiza cada dos horas.

Pero ¿quién pasa la ronda? Suelen pasarla el cabo y el marinero de guardia de máquinas, uno es mecánico y el otro electricista. Son conocidos como los “recorrida”.

Esta segunda ronda consiste en comprobar el correcto funcionamiento de la giroscópica, del aire acondicionado de despensa, de la enfermería, del aire acondicionado principal, de la planta TAR (la depuradora), de los equipos eléctricos de la cocina: plancha, marmitas, freidoras, amasadora, hornos, neveras, lavaplatos, etc.

Luego se miran las máquinas de levar, motores de chigres, el aire acondicionado de enfermería, compresores y bombas de la frigorífica, bomba de baldeo, bomba de combustible, bombas de servo, teléfono de guindola, teléfono de serviola, el aire acondicionado de radio, lavandería (lavadoras y secadoras) y por último la cámara de máquinas (bombas, caldera, compresores y resistencias de precalentamiento).

Pasando ya a los datos que engloban las rondas de máquinas interiores y exteriores; nos centraremos en primer lugar en la interior que recoge datos del aire acondicionado (A/A) principal, el de despensa y giroscópica, del motor principal, de las temperaturas de los cojinetes y de las 6 chumaceras, de la chumacera de empuje, de la caldera, de la frigorífica y de las 2 plantas osmotizadoras (las que transforman agua salada en agua potable).

Resaltar que a todas estas anotaciones y comprobaciones se les añade una inspección visual para comprobar que no se están produciendo fugas de ningún tipo y asegurarse que la maquina está trabajando bien.

Es imperativo que el personal no se limite a anotar números, sino que sea capaz de razonar si lo que anota tiene sentido para poder detectar fallos y dar la novedad; para ello es preciso conocer todas las máquinas y equipos así como su funcionamiento básico. Esto es la experiencia.

Una vez terminada la ronda deben volver a la cámara de control central y dar la novedad al suboficial de guardia aun cuando todo está bien, o como decimos a bordo sin novedad. A parte de las rondas los marineros y cabos de máquinas deben atender si fuese preciso a los requisitos de manejo y control de chigres en caso de maniobras, control del servo en caso de que tuviese que hacer uso de él y por último deberán estar al cargo a su vez del alumbrado general del buque en el caso que se necesite.

Vida a bordo, 29 de junio de 2018

El cruce del Canal de Panamá

Cruzamos el Canal de Panamá el 28 de junio. Iba a ser mi primer cruce del Canal de Panamá, pero para el barco era la vez número 44. Habíamos fondeado en Balboa la noche antes, al sur de la isla Flamenco. Levamos pronto, a las 05:30, y embarcó el práctico que iba a navegar el barco por el canal y las esclusas. Aún era de noche.

Al poco de entrar en el Canal, entre las boyas 1 y 2, pasamos por debajo del Puente de las Américas. El práctico me comentó que tienen intención de desmantelar el puente en un par de años porque impide que entren barcos muy grandes. Mira que nosotros somos un barco alto y pasamos de sobra, imagínate…

Más o menos después de cruzar el puente embarcaron unos 10 trabajadores del canal. Su función es colocar los cables que sujetan al barco durante el paso por esclusas. El funcionamiento de la esclusa es que 4 mulas (más bien trenes) mantienen el barco fijo dentro de la esclusa mientras sube el nivel del agua. Una vez el barco sube el “escalón”, las mulas tiran del barco hacia fuera de la esclusa.

Pues así, una hora después de haber entrado en el canal entramos en la esclusa de “Miraflores”, saliendo de ella poco más de media hora más tarde. Esta esclusa se podría decir que es doble, es decir, hay que subir dos niveles. Poco después llegamos a la segunda esclusa, “Pedro Miguel” y tardamos unos 20 minutos en salir de ella.

Al salir de esta esclusa cambia el sentido de balizamiento. Esto es, cuando navegas por la costa o entrando en un puerto, debes navegar entre boyas de colores verde y roja. En función de cuál de las 2 regiones IALA en la que te encuentres, dejarás las verdes por estribor (y rojas por babor) o al revés conforme entras a puerto. Pues bien, en el canal de Panamá hay un punto en que los 2 sentidos se considera que están entrando hacia el canal, por lo que hay que establecer un punto en que se cambia el sentido. El punto elegido es al norte de la esclusa “Pedro Miguel”.

Continuamos navegando por el Canal de Panamá siguiendo las indicaciones del práctico y del equipo de navegación del puente pasando por las zonas más angostas como “la culebra”, en demanda del lago Gatún y la tercera esclusa, que se llama como el lago.

Este lago es artificial ya que se creó en 1914, a la vez que se construyó el canal. Llegando a la esclusa “Gatún” nos sorprendió un gran chubasco. Y no dejó de llover hasta salir de la bahía Limón, esta delimita el extremo norte del canal de Panamá y en esta se encuentra la ciudad de Colón. Fue en esta bahía donde desembarcamos a los trabajadores y al práctico.

Sobre las 3 de la tarde salimos del Canal de Panamá definitivamente y comenzamos a navegar en demanda del puerto de Charleston, en la costa este de Estados Unidos.

Vida a bordo, 26 de junio de 2018

La Cámara de Control Central

La cámara de máquinas se encuentra en la 4ª sección, en la popa del barco. Ya sabéis: hay 4 secciones si dividimos el barco en 4 partes iguales longitudinalmente hablando, siendo la primera la de proa y la cuarta y última la de popa. Dentro de la 4ª sección se encuentra en la cubierta inferior aunque para ser sinceros ocupa también parte de la cubierta principal.

Y dentro de la cámara de máquinas, a proa de esta, se encuentra la cámara de control central. Como el propio nombre indica, desde aquí se controla el motor principal con el que propulsamos el barco cuando no vamos a vela. Además se controlan los 3 diesel generadores o auxiliares (que generan la electricidad de a bordo) y todos los demás equipos necesarios para poder subsistir en la mar.

Tenemos 2 plantas osmotizadoras que generan agua dulce a partir del agua del mar. Tenemos una caldera que nos proporciona agua caliente. También tenemos muchos más equipos pero son demasiado específicos como para ponerme a hablar de ellos ahora.

Sería hablar de los compresores de aire de media, las bombas de A/D y A/S de refrigeración del motor principal, las bombas de refrigeración de A/D y A/S, las bombas de refrigeración de gases de escape y las bombas auxiliares de refrigeración de gases de escape, bomba de achique de sentina, bomba de suministro de aceite, bomba de suministro de combustible y así un rato más. Como dije, no merece la pena hablar de cosas tan técnicas.

Volviendo a la cámara de control central, tenemos una consola de control de la propulsión renovada por última vez en las obras que se acometieron en 2001/2002. Esta consola nos permite alterar las revoluciones y el régimen de funcionamiento del motor principal. A estribor encontramos otra consola que contiene información referente a los tres diésel generadores y que permite su puesta en marcha y parada.

A babor de la consola de control de la propulsión  encontramos otra consola que contiene información relativa al cuadro principal del estado de suministradores, es decir, diésel generadores arrancados y en carga; indicador de revoluciones del motor principal, revoluciones del eje de la hélice, indicador del voltaje de la batería principal, equipo de comunicación directa de la cámara de control central con puente y con el Jefe de Máquinas y por último un extenso panel de alarmas que contempla todo tipo de errores y fallos que se podrían dar en los distintos equipos, máquinas y sistemas.

Una cristalera separa la CCC de la cámara de máquinas, que permite visualizar de manera directa una gran parte de la cámara de máquinas. De esta manera conseguimos ver la cámara sin estar expuestos al ruido de los equipos en funcionamiento. Toda la información que se recibe en la CCC hace que esta cámara tome gran importancia en el control y supervisión de los equipos en funcionamiento.

La vigilancia de maquinas la componen el Guardiamarina de máquinas, un suboficial de máquinas, un cabo primero de máquinas y unos 3-4 cabos/marineros de máquinas. Las funciones del guardiamarina son las de dar la novedad en puente al entrar en puente de personal, equipos y sistemas en funcionamiento, así como de averías, mantenimientos o ejercicios programados para la guardia; a su vez deberá montar guardia en la cámara de control central y responder a posibles eventualidades que surjan durante el transcurso de la guardia. Por último, al finalizar la guardia deberá rendir cuenta del consumo de combustible para que los guardiamarinas de puente puedan disponer de esa información para rellenar el cuaderno de bitácora.

Las funciones del suboficial y del cabo de guardia son las de permanecer en la cámara de máquinas y realizar un control exhaustivo para garantizar el buen funcionamiento de las maquinas en funcionamiento. En caso de necesidad estos podrán desplazarse al lugar de la incidencia, pero siempre deberá quedar al menos uno de los dos en la cámara de control.

Por último, la función de los cabos/marineros de guardia es la de pasar las rondas de interior y exterior para recoger datos del funcionamiento de las maquinas desplazándose al lugar físico en el que se encuentran para garantizar que no hay ningún fallo en los indicadores de la cámara de control y a su vez recoger y almacenar todos esos datos. En el caso que haya alguna avería o en cualquier otro caso quedan a las órdenes del cabo primero y del suboficial para afrontarla.

Vida a bordo, 24 de junio de 2018

El peluquero

El título de esta entrada del diario delata un poco el tema del que va a tratar. Es lógico que a bordo de este barco, como en el resto de barcos de la Armada, cuidamos nuestra policía (nuestra higiene personal y aspecto). Algunos nos afeitamos todas las mañanas, otros lucen barba o bigote, pero aún así debemos cuidarlos. También ocurre lo mismo con el pelo. Pero ¿quién corta el pelo a bordo?

Antiguamente era habitual que en los barcos hubiese personal civil que se dedicara a las labores menos “militares”, por ello las dotaciones contaban con carpinteros, cocineros, barberos, buzos, etc. Hoy en día solo a bordo del Elcano navegan civiles, aunque tienen la distinción de maestros. Durante este crucero tenemos 2: el peluquero y el carpintero, ambos gallegos por cierto. A este último le dedicaremos otro vida a bordo más adelante.

Los maestros civiles visten los uniformes de la Armada al igual que nosotros y tienen su propio galón. Alojan en la camareta de civiles, con capacidad para 6 personas. Esto es porque antiguamente embarcaban más: 2 cocineros, el velero, etc. Antiguamente eran más incluso. Su camareta se encuentra junto a la de suboficiales.

Nuestro peluquero es natural de Ferrol, allí corta el pelo en la peluquería del Arsenal Militar. Lleva trabajando en esto ya 27 años. Y al Elcano también le ha dedicado unos cuantos años, lleva ya 10 cruceros, siendo el primero en 2008. Cada vez que voy a cortarme el pelo le pregunto por el siguiente puerto y rara es la vez que no conoce el puerto al que vamos a ir. Además le encanta hablar, como todo peluquero de bien ha de ser.

Y bien ¿corta el pelo en la cubierta? Pues no, nuestro querido peluquero tiene su propia peluquería. Esta se encuentra a proa, debajo del castillo, en la banda de estribor. Donde siempre.

230 personas a bordo pasan por el peluquero, chicas incluidas. Y nos conoce a casi todos, tanto es así que cuando vas a cortarte el pelo ni te pregunta cómo lo quieres. Quizás sea más fácil acordarse de cómo quiere el pelo un marino, casi todos igual: corto por los lados y preferentemente que podamos peinarnos por arriba. Fácil y sencillo. Si haces las cuentas, de media nos cortamos el pelo una vez al mes. Eso me sale a unas 12 personas al día. No está mal…

Quizás para los que hayamos navegando a bordo del Elcano en los últimos tiempos, hablar de Don Vicente es hablar de la historia reciente del Elcano.

Vida a bordo, 22 de junio de 2018

El carpintero

Es algo gracioso o irónico que hoy en día a bordo de un barco de hierro contemos con un maestro carpintero. Pero claro, el interior del barco es de madera, sobre todo el mobiliario. Por eso hay no solo carpintero, sino carpintería. Esta se encuentra debajo del castillo, en la banda de estribor y junto al pañol de bitácora. O como dirían los que trabajan en esa zona: en el barrio industrial.

Como contaba en la anterior entrada, antiguamente era habitual que en los barcos embarcase personal civil que se dedicara a las labores menos “militares”. El otro día tuve la suerte de toparme con una relación de la primera dotación del “Elcano”. A bordo había carpinteros, cocineros, barbero, tornero, zapatero, sastre, velero, buzo y calafate. Llegaron a haber hasta 20 plazas en la década de los 90.Hoy en día son menos pero desempeñan una labor muy importante.

El carpintero es gallego, natural de Ferrol aunque ahora vive en Cerdido. Trabaja en la carpintería del ramo de casco del Arsenal Militar de Ferrol desde hace 14 años aunque realmente lleva al servicio de la Armada desde 1992. Pero como en el caso del peluquero, ha embarcado en los últimos 7 cruceros de instrucción a bordo del “Elcano”. De hecho yo coincidí con él cuando apenas era guardiamarina, hace 5 años.

Como decía al principio, a bordo hay mucha madera, lo cual es bastante raro en un barco de la Armada. Pero es que el Elcano no es un barco cualquiera. Es antiguo (que no viejo), es de otra época. Además se construyó no solo para servir de buque-escuela, sino para representar a España, por ello se debió construir el interior de maderas nobles.

Así, el carpintero no para de trabajar. Roberto arréglame esta pequeña cosita, Roberto arréglame esta otra tontería, Roberto ¿me has arreglado esto otro ya? Y así durante 6 meses. Y si se rompe algo un fin de semana, pues ahí va el carpintero con su caja de herramientas. Nunca una mala cara o un reproche.

Vida a bordo, 19 de junio de 2018

El Callao

Hoy amanecimos atracados en el muelle de la base naval del Callao, Perú. Pero por la tarde salimos ya a la mar tras una estancia en puerto de 5 días. Esta vez, hasta unos minutos antes de ordenar “Babor y Estribor de Guardia” los guardiamarinas estábamos volviendo de las diferentes actividades y eventos que estaban programados.

La estancia en El Callao nos ha sorprendido para bien a todos los guardiamarinas ya que este puerto daba la posibilidad de hacer numerosas actividades y visitar lugares impresionantes. Aunque claro, el tiempo de ocio siempre ha de compaginarse con las diferentes actividades protocolarias en las que los Guardiamarinas participamos activamente.

El primer día, el 15 de junio, antes de entrar en puerto se rindieron honores a la plaza de El Callao con 21 salvas. Una vez atracamos, nos preparamos para realizar el saludo a la voz al Sr Embajador de España en Perú. Una vez concluido, un grupo de guardiamarinas tuvieron una visita a la Escuela Naval de Perú y varios alumnos de la escuela vinieron a realizar una visita al buque y posteriormente comer en la cámara. Lo que se conoce como un intercambio de cámaras. Mientras comíamos con nuestros compañeros peruanos, pudimos ver el primer partido del mundial entre España y Portugal que finalizó en empate.

Ya por la tarde pudimos salir a disfrutar de Lima el resto del día, así como de la maravillosa gastronomía peruana. Como sabréis Lima y Callao son prácticamente la misma ciudad (o están pegadas), el caso es que El Callao no es recomendable por el crimen y demás. Por ello, se pusieron autobuses desde la base naval hasta el barrio de Miraflores, un barrio seguro y con mucho ambiente.

El segundo día, fue un día muy intenso en el barco ya que por la mañana se realizó el tradicional acto Jura de Bandera, en la que participaron un gran número de españoles que viven en Perú. Por la tarde, los guardiamarinas que estábamos de guardia ayudamos al montaje del dispositivo para la recepción de la noche. A la recepción asistieron diferentes autoridades de Perú y otros países así como la gran comunidad española de la ciudad, hubo un gran ambiente propiciado por la actuación de nuestra banda de música. Una vez terminó la recepción los guardiamarinas salieron a disfrutar de la vida nocturna de los barrios de Miraflores y Barranco.

El tercer día, pudimos disfrutar de unas horas para poder visitar el centro de Lima y el barrio de Miraflores. Tuvimos la ocasión de comprar muchos regalos para nuestra familia, así como seguir probando la comida tradicional peruana. Por la noche, tuvo lugar la recepción en la Residencia del Embajador, pudimos disfrutar de la banda de música mientras conversábamos con los españoles de la embajada.

El cuarto día, un grupo de guardiamarinas llevó a cabo la Ofrenda Floral a los Héroes de la Batalla del El Callao, un emotivo homenaje a todos los caídos en dicha batalla: españoles y peruanos. El resto del día lo tuvimos libre, por lo que aprovechamos para realizar varias actividades, desde seguir haciendo turismo por la zona como la experiencia de nadar con leones marinos y hacer parapente. Además, aprovechamos para comprar muchas prendas confeccionadas con lana de Alpaca, muy típica en Perú.

El último día, un grupo de guardiamarinas  visitó el Museo del Oro y el Museo de Larco, mientras otro grupo realizaba una visita a la Escuela Naval y posteriormente llevaba a cabo una Ofrenda Floral a los caídos en la mar. Una vez concluida la ofrenda se realizó un almuerzo con las dotaciones de la Regata Velas Latinoamérica 2018, despidiéndonos así de los guardiamarinas y cadetes de los otros buques con lo que hemos creado una gran amistad y hemos pasado muy buenos momentos.

A la conclusión del almuerzo nos dirigimos directamente al buque para salir a la mar, donde nos despidieron los comandantes de los diferentes buques, así como diferentes autoridades. En la salida se entonó el himno de la Armada.

De esta manera concluimos la última escala en puerto sudamericano, poniendo rumbo hacia Charleston, Estados Unidos, que será nuestro último puerto del crucero antes de regresar a Cádiz.

Vida a bordo, 07 de junio de 2018

La interminable guardia de puente

Mi vocación de marino viene desde joven. Aunque soy de Madrid llevo navegando casi casi desde que tengo noción del tiempo. Se lo que estás pensando: navegar en Madrid…pues sí, en el pantano de Atazar. Pero he de reconocer que también navegaba en Galicia, pues es allí donde mi familia y yo veraneamos.

La idea de ser marino siempre merodeó en mi cabeza aunque no fue hasta el bachillerato cuando me decidí del todo. La idea me la “contagió” mi abuelo. Él fue marino también, estuvo destinado en Madrid y Ferrol e incluso mandó el “Roger de Lauria”.

Ingresé en la Escuela Naval Militar (Marín, Pontevedra) en una soleada y calurosa mañana de agosto del 2015, el día 18 para ser exactos. Poco sabía de lo que me esperaba tras la puerta de Carlos I, de hecho ni sabía que así se llamaba la entrada al recinto de la Escuela Naval Militar.

3 años después y ya de Guardiamarina de 1º, aquí me encuentro: en el puente del “Juan Sebastián de Elcano”. Bueno a ver, no estoy en el puente ahora mismo, de lo contrario no os estaría escribiendo ahora mismo…

Al puente subimos para montar guardia. Como en casi todos los puestos de guardia, somos 2 guardiamarinas. En el caso del puente, uno toma la voz (dirige la navegación del barco) y el otro actúa de supervisor de puente llevando las comunicaciones, controlando los equipos de navegación (como el radar), etc.

A veces se hace duro montar cuatro horas aquí arriba, especialmente de noche. Cuando navegamos en mar abierto no solemos encontrarnos con otros barcos ni se ve la costa. Los cambios de rumbo son pequeños y el aparejo se mantiene igual. Cuando poco cambia hay que esforzarse más por estar vigilantes. Y así lo hacemos.

En estos meses de “Velas Latinoamérica 2018” que hemos estado con otros buque-escuela hemos podido comprobar que somos el único barco cuyo puente está al aire libre, si llueve nos mojamos y si hace frío pues…

Pero al igual que los 20.000 marinos que han navegado aquí en los 91 años que lleva este barco surcando los mares, hemos sobrevivido a los aguaceros del ecuador, los rugientes vientos del fin del mundo, el Carabobo de la madrugada, la humedad, el calor del verano y el frío del invierno austral. Pero aun con todo esto, no me cambiaría por otro barco y menos por otra profesión.

Aunque este crucero hemos tenido muchos días nublados, hay días que el cielo está despejado, aunque está “inundado” de estrellas, yo nunca había visto el cielo igual en tierra. Pero para mí lo mejor es la sensación de ser yo quien navega el barco, aunque sea solo unas horas. Aunque es el timonel el que lleva el timón, yo le digo el rumbo que debe llevar.

Además, los oficiales nos dejan tomar las decisiones. Actuamos por veto, es decir, nosotros damos una orden al timonel y sólo en caso de que diéramos una orden errónea intervendría el oficial que nos supervisa. Aunque no nos quitan ojo (no podría ser de otra manera), se agradece que no nos pisen.

El puente es quizás el trabajo más representativo del marino de antaño. Disfruto mucho de esta sufrida profesión, porque como dijo mi abuelo: ¡disfruta! que cuando te des cuenta lo echarás de menos…

    
        

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