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Vida a bordo Actividades

XC Crucero de Instrucción .- Buque escuela 'Juan Sebastián de Elcano'

lunes, 31 de diciembre de 2018

Vida a bordo, 07 de junio de 2018

La interminable guardia de puente

Mi vocación de marino viene desde joven. Aunque soy de Madrid llevo navegando casi casi desde que tengo noción del tiempo. Se lo que estás pensando: navegar en Madrid…pues sí, en el pantano de Atazar. Pero he de reconocer que también navegaba en Galicia, pues es allí donde mi familia y yo veraneamos.

La idea de ser marino siempre merodeó en mi cabeza aunque no fue hasta el bachillerato cuando me decidí del todo. La idea me la “contagió” mi abuelo. Él fue marino también, estuvo destinado en Madrid y Ferrol e incluso mandó el “Roger de Lauria”.

Ingresé en la Escuela Naval Militar (Marín, Pontevedra) en una soleada y calurosa mañana de agosto del 2015, el día 18 para ser exactos. Poco sabía de lo que me esperaba tras la puerta de Carlos I, de hecho ni sabía que así se llamaba la entrada al recinto de la Escuela Naval Militar.

3 años después y ya de Guardiamarina de 1º, aquí me encuentro: en el puente del “Juan Sebastián de Elcano”. Bueno a ver, no estoy en el puente ahora mismo, de lo contrario no os estaría escribiendo ahora mismo…

Al puente subimos para montar guardia. Como en casi todos los puestos de guardia, somos 2 guardiamarinas. En el caso del puente, uno toma la voz (dirige la navegación del barco) y el otro actúa de supervisor de puente llevando las comunicaciones, controlando los equipos de navegación (como el radar), etc.

A veces se hace duro montar cuatro horas aquí arriba, especialmente de noche. Cuando navegamos en mar abierto no solemos encontrarnos con otros barcos ni se ve la costa. Los cambios de rumbo son pequeños y el aparejo se mantiene igual. Cuando poco cambia hay que esforzarse más por estar vigilantes. Y así lo hacemos.

En estos meses de “Velas Latinoamérica 2018” que hemos estado con otros buque-escuela hemos podido comprobar que somos el único barco cuyo puente está al aire libre, si llueve nos mojamos y si hace frío pues…

Pero al igual que los 20.000 marinos que han navegado aquí en los 91 años que lleva este barco surcando los mares, hemos sobrevivido a los aguaceros del ecuador, los rugientes vientos del fin del mundo, el Carabobo de la madrugada, la humedad, el calor del verano y el frío del invierno austral. Pero aun con todo esto, no me cambiaría por otro barco y menos por otra profesión.

Aunque este crucero hemos tenido muchos días nublados, hay días que el cielo está despejado, aunque está “inundado” de estrellas, yo nunca había visto el cielo igual en tierra. Pero para mí lo mejor es la sensación de ser yo quien navega el barco, aunque sea solo unas horas. Aunque es el timonel el que lleva el timón, yo le digo el rumbo que debe llevar.

Además, los oficiales nos dejan tomar las decisiones. Actuamos por veto, es decir, nosotros damos una orden al timonel y sólo en caso de que diéramos una orden errónea intervendría el oficial que nos supervisa. Aunque no nos quitan ojo (no podría ser de otra manera), se agradece que no nos pisen.

El puente es quizás el trabajo más representativo del marino de antaño. Disfruto mucho de esta sufrida profesión, porque como dijo mi abuelo: ¡disfruta! que cuando te des cuenta lo echarás de menos…

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