Armada Española

Historia de la Armada

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El Combate de Trafalgar por José Ignacio González-Aller Hierro Contralmirante (R). Historia de la Armada

Antecedentes Historia de la Armada

La paz firmada en Amiens el 27 de marzo de 1802 constituyó un alivio para todas las naciones signatarias y en particular para Francia. Napoleón, sin embargo, no la consideró como tal, pues en él persistía la idea de fortalecer la hegemonía de su patria sobre Europa. Caso aparte era el de Inglaterra, que accedió al acuerdo por la ambición de obtener un tratado de comercio favorable que le permitiese mantener la holgada posición económica que detentaba, y por ello tampoco consideraba la paz como definitiva. Amiens significó para España poco más que un espejismo pasajero que pensaba remediaría su penosa situación política y económica.

Todo se derrumbó cuando Francia se negó a firmar con Londres el citado tratado de comercio complementario al estipulado en Amiens, intervino en Nápoles e invadió Holanda. Todo ello provocó la declaración de guerra del Reino Unido a Bonaparte por el método expeditivo de disponer, el 22 de mayo de 1803, la incautación sin previo aviso de las embarcaciones francesas y holandesas que navegaban por todos los mares.

España se declaró neutral, pero por el tratado de 19 de octubre de 1803 el Gobierno se obligó, entre otras concesiones, a pagar a Francia un subsidio de seis millones de libras al mes a librar desde el comienzo de las hostilidades a cambio de no poner a disposición de París los quince navíos, seis fragatas y cuatro corbetas, y tropas, acordados en el tratado de San Ildefonso de 1796. Gracias a esta concesión, obtenida mediante el ultimátum de enviar un ejército de invasión si no se transigía, reconoció la neutralidad de España.

Sin embargo, Inglaterra estaba determinada a desconocer tal situación si España continuaba proporcionando a Francia los subsidios estipulados, y así lo manifestó constantemente por vía diplomática a partir de diciembre de 1803. La intransigencia británica se agravó sobre todo a partir de la llegada al poder de William Pitt en mayo de 1804. Se concretó en las órdenes impartidas por el Almirantazgo a sus fuerzas navales, de detener y conducir a puertos británicos cuantos buques de guerra españoles con caudales encontrasen en la mar. La serie de atropellos realizados desde finales de 1803, culminaron el 5 de octubre de 1804 con la voladura de una fragata española y apresamiento de otras tres con caudales procedentes del virreinato del Perú, por parte de una división de cuatro fragatas británicas en combate desarrollado sobre el cabo de Santa María. El estado de guerra era inevitable y sería hecho efectivo el 12 de diciembre. Era la ocasión esperada por Napoleón para lograr la invasión de la Gran Bretaña con sus propias fuerzas y la cooperación española.

La precipitación de la apertura de hostilidades había colapsado el comercio marítimo de la Península con ultramar, y sorprendido a nuestras fuerzas navales faltas de preparación, entre otras causas, por la escasez de recursos presupuestarios que venía padeciendo desde los tiempos de la guerra contra la Convención francesa.

Estos inconvenientes no influyeron en las pretensiones francesas por la actitud transigente del rey Carlos IV y su Gobierno, siempre sometidos a los dictados del Emperador, a quien lo único que le importaba era disponer a su antojo de los buques de la Real Armada para emplearlos en los sucesivos proyectos elaborados contra Inglaterra. Godoy fue soslayado en el planeamiento de las operaciones y se limitaría a obedecer todas las órdenes procedentes de París. Por otra parte no le cabía hacer otra cosa, pues su oposición hubiese adelantado la invasión francesa de 1808.

La cooperación de las fuerzas navales españolas se estipuló el 9 de enero de 1805 mediante un convenio dictado por Decrès, ministro de Marina francés, al que Gravina, embajador en París, se vio forzado a transigir. Por el acuerdo se ponían a disposición del Emperador un total de 26 navíos de línea armados en Ferrol, Cádiz y Cartagena, así como tropas de desembarco. A partir de entonces las autoridades de la Armada se dedicaron febrilmente a preparar los navíos luchando contra la falta de pertrechos y la escasez de marinería.

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