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miércoles, 20 septiembre 2017 - documento de las 15:09:16
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Historia.-Visita Guiada Organización

Interior Arsenal de Ferrol

La descripción del Arsenal, para una visita más o menos detallada, supone seleccionar algunas construcciones que consideramos más interesantes, incluyendo edificios, obras portuarias y defensivas; pero también es conveniente establecer un recorrido con secuencia histórica para apreciar la evolución y calidad de los abundantes "bienes de interés cultural", según los denomina la Ley del Patrimonio Histórico Español.

Esta visita se puede completar con una interpretación de las formas de los buques que están frecuentemente atracados, utilizando un esquema genérico que permita reconocer sus características.

La mejor vista panorámica del Arsenal se tiene desde los jardines públicos de Herrera o los contiguos al Parador de Turismo e Iglesia de San Francisco: desde esta larga atalaya, a donde antiguamente llegaba la mar, se percibe toda la enorme obra del Arsenal y su ampliación por la factoría de la E.N. Bazán; sin embargo, esta vista no permite apreciar los espacios y monumentos más interesantes que se abren precisamente a la mar. Así pues, la óptima aproximación al Arsenal sería embarcados, percibiendo mejor la idea del puerto militar: "nudo" de comunicación y "crisol" de experiencias, entre el ámbito de los buques y el entorno terrestre.

Antes de entrar en el Arsenal, aconsejamos un recorrido exterior que se iniciaría en el muelle civil de Curuxeiras; éste nos permite contemplar el larguísimo dique de abrigo de la dársena, construido aprovechando tres islotes y rematado en magnífica "cortina" (línea frontal defensiva, siglo XVIII). Un muelle moderno, adosado en 1950, nos permite recorrer la zona norte y exterior de esta batería, apreciando su muro escarpado de cantería de granito que en su parte alta forma una larga moldura redondeada (baquetón: "cordón magistral") que define las líneas defensivas con la mejor precisión geométrica de los ingenieros militares. Sobre este alternan las "troneras" y los "merlones", es decir, los huecos para disparar los cañones y los parapetos de protección para los antiguos artilleros. Son también muy interesantes las formas de las garitas, apreciándose su figura armónica, siguiendo la "divina proporción" greco-latina del rectángulo áureo (8/5, altura/base) y con una gran fidelidad al modelo constructivo que se enseñaba en la Academia de Matemáticas de Barcelona ("Tratado de Fortificación..." de Sánchez Taramas 1768) y con antecedentes en los diseños de Bernard F.de Belidor ("La Sciencie des ingenierus..." 1727):su ménsula ("culdelamp") arranca de la muralla en forma de bola, su cuerpo ("linterna ") tiene forma exagonal en la base y su cúpula ("media naranja") se remata con otra bola. Estos elementos y otros detalles de sus cortes de piedra podrán admirarse después durante el recorrido interno del Arsenal.

Desde el extremo del muelle se puede divisar casi toda la imponente batería de 740 mts., de longitud y 5 de altura (marea baja), con sus cien troneras, cuyos cañones cubrían todo el sector noroeste-sudeste de cualquier ataque por mar, dando frente a la misma boca de la Ría.

Paseando hacia la puerta del Arsenal se puede apreciar un baluarte (forma de fortificación saliente), dónde se abrió una puerta para la entrada del ferrocarril (1937), cuya función era la de flanquear la fachada norte de la gran Sala de Armas, que luego comentaremos, y la muralla que se prolonga hacia el este; lugar por el que se extendía un foso con agua, cegado al final del siglo XIX y hoy coincidente con gran parte de los actuales jardines (10 mts.de ancho). Precisamente, al llegar a la Puerta del Parque se pueden apreciar a ambos lados, las primeras hiladas de los sillares de cantería, que llegan realmente hasta una profundidad de 5 mts.

La Puerta del Parque es en si misma un conjunto artístico en el que debemos destacar dos construcciones: la portada y una especie de obelisco que se levanta en una isleta frontal. Este monumento, de base cuadrada y remate piramidal fue una antigua fuente ("de la Fama"), que conserva su gusto decorativo clasicista con los escudos de España, Galicia, Ferrol y la Armada; fue construida en 1787 para la entrada de la Puerta del Dique y luego trasladada a este lugar a mediados del siglo XX.

La portada que contemplamos hoy, proviene de una reforma durante la época de Isabel II (1858). Entonces se hizo esta composición a base de una gran puerta con remate de arco escarzano, limitada lateralmente por pilastras almohadilladas y adornada con otras pequeñas, cajeadas, ya sobre el muro. Remata y embellece la portada un ático que muestra una gran piedra de armas entre dos jarrones, rematados por bombas de artillería: es el blasón de Felipe V que estaba en el antiguo arsenal de La Graña, en el que destacamos su magnífica escultura de alto relieve con dos leones rampantes y la sobresaliente corona real.

Al traspasar la puerta, propiamente dicha, apreciamos en ambos lados dos soportales para los "cuerpos de guardia", realizados en cantería de granito. Después y a la izquierda, la oficina y residencia del Ayudante Mayor (jefe de la guarnición militar y capitanía de puerto): un edificio construido en la misma época que la portada, donde destacan las interesantes galerías acristaladas y los balcones con un trabajo de hierro en forma panzuda ("pantoque" de buques) muy al gusto de la época isabelina.

Iniciamos ahora un trayecto de paso y de ambientación general, mientras nos dirigimos hacia el extremo sur del arsenal, que se conoce como Punta del Martillo. En estas primeras vistas percibimos ya la combinación de zonas ajardinadas con la monumentalidad de las construcciones y los grandes espacios de los muelles, que limitan las dos dársenas, exterior e interior, divididas por un dique de abrigo que sale de la zona sur.

Este Parque del Arsenal que, repetimos, es la zona más antigua (1750-1760), nos muestra un muelle de atraque para los modernos buques, necesariamente ampliado para obtener mayores calados en la segunda mitad de este siglo, pero que permite apreciar aún en sus extremos norte y sur un extraordinario trabajo de ingeniería "hidráulica": con marea baja se pueden ver mejor los cuidados sillares de cantería de granito, formando el perfil y coronamiento, incluyendo también las escalas reales y una rampa de la misma época (1757). Las impresionantes argollas conservadas son un ejemplo de la magnífica artesanía que veremos continuamente.

Los diferentes tipos de buques actuales pueden identificarse y ser interpretados a partir de las formas de su casco y superestructura, pero también por los diversos elementos que pueden observarse sobre ésta; dicho de otra forma, son realmente las ideas de su "plataforma" (casco-flotador, planta propulsora y de energía, habitabilidad, servicios de aprovisionamiento, etc.) y de su "sistema de armas" que incluye los "sensores" (radar, sonar, antenas de guerra electrónica, etc.). Cualquier profesional de la armada que encontremos nos puede aportar datos concretos de los buques que estamos viendo en ese momento.

Siguiendo el muelle llegamos al extremo de la citada Punta del Martillo, dónde se eleva un antiguo cuartel para los "guarda-arsenales". Fue edificado en 1758 con planos de Francisco Llobet, destacando su sistema de pórticos y cuidada cantería de granito, que forma pilares cajeados y vistosos paneles en el antepecho de la terraza. En el siglo XX se le añadió un cuerpo superior y dos laterales.

Aconsejamos recorrer ahora toda la antigua batería artillera que se construyó sobre el dique de abrigo, la cortina ya citada y descrita por su parte exterior. Caminado por el adarve (plataforma alta) podemos apreciar la magnitud de esta obra y algunos detalles que comentamos ahora: esta construcción presenta unas interesantes piezas de cantería, con cuidadísimos diseños y cortes de piedra (estereometría y estereotomía), de manera que se obtenían las posibles orientaciones de las piezas de artillería según la particular forma de cada tronera, modificando los ángulos de su planta abocinada y construyendo los sillares de cantería con las exigencias de un "cuerpo perfecto" de fortificación, llamado así precisamente por que tendría que sufrir los posibles ataques de la artillería naval.

En este largo adarve podemos apreciar unas pequeñas piezas para disparar salvas y los antiguos cañones de "abancarga" (cargados por la boca de pólvora y balas) dispuestos en las troneras, aunque no tienen sus "cureñas" (soporte de madera con ruedas para su maniobra de tiro): hay varios tipos y de diferentes épocas, los más antiguos provienen de la Reales Fábricas de Liérganes y La Cavada (Cantabria) del siglo XVIII y los restantes de la R.F.de Trubia (Asturias) del siglo XIX. Su alcance efectivo no pasaba de los 2.000 mts., disparando balas, granadas , palanquetas etc.

En este recorrido conviene detenerse en la inflexión que hace esta cortina hacia el oeste. Aquí se conserva un interesante polvorín, bajo el adarve, formado por una bóveda de medio cañón rebajada. Una placa nos recuerda que esta cortina fue una obra dirigida por Francisco Llobet entre 1754 y 1767. En esta zona se puede disfrutar con la vista de las mejores piezas de cantería de toda la fortificación, pero destacamos aún más las de su garita: el curioso visitante puede acercarse y examinar el sillar que forma, en una sola pieza, la parte superior de la puerta, incluyendo las jambas, el dintel con un frontón y parte de la propia linterna; también son interesantes las piezas que forman las "aspilleras" (ventanitas) con sus complejos biselados y las que rematan la cúpula.

Entre el muelle y la histórica cortina se levantaron una serie de edificios que aportan la actual tecnología de los mantenimientos de armas y máquinas: son de construcción reciente, con un gran volumen y escasos valores estéticos.

Entraremos ahora en un conjunto artístico de gran valor: la Sala de Armas y sus almacenes porticados. Estos edificios se diseñaron siguiendo el modelo urbanístico de las plazas abiertas a la mar y también con unas marcadas funciones de almacenaje y solemne representación de las obras del Estado. En todo caso es interesante reconocer el patrón geométrico de su composición, con la ya citada proporción del número áureo, tanto en las formas rectangulares de la plaza como en la propia fachada del edificio principal que la preside.

Al acceder a este recinto por el sur se aprecia toda la grandeza que pretendieron los sucesivos arquitectos: desde los diseños iniciales en planta de Cosme Álvarez (1747) y J.P. de la Croix (1751) hasta la concreción en volumen de F. Llobet y J.Juan (1754), con la terminación de J. Sánchez Bort (1765). Estamos ante una arquitectura que fue de gran impacto en Galicia, cuando sus construcciones aún seguían el gusto barroco. Se puede marcar este contraste con la simple referencia a un par de ejemplos, casi contemporáneos, como la terminación de la fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago (1750) o la de la iglesia del Monasterio de Samos (1748). El academicismo irrumpía en el ámbito arquitectónico con toda la fuerza y prestigio de las Reales Obras. Es más, este concepto, como ya se apuntó, tendría incluso su rápida evolución, desde modelos franceses (diseños de Briseux, D´Aviler y Belidor) hasta el remate más italianizante de la R. Academia de San Fernando, aunque ejecutados con ciertos condicionantes y algunas libertades sobre los órdenes clásicos.

Al avanzar por la plaza sentimos como la arquitectura nos envuelve en un simétrico escenario de gran sugestión del mundo "ilustrado". De alguna manera nos sentimos transportados al tiempo de aquellos hombres y buques del siglo XVIII. La imagen del Marqués de la Ensenada y el armamento de los navíos, con su complicada arboladura y numerosos cañones, nos viene a la memoria. Sería fácil ambientar aquí una representación cinematográfica con las faenas de trasiego de los cañones, de las armas portátiles y de los aparejos náuticos.

A nuestra izquierda contemplamos el largo brazo de la edificación porticada que se cierra por el oeste: Una arquitectura modular que yuxtapone 19 almacenes de pertrechos idénticos. Estos "pañoles" contiguos, hoy utilizados para múltiples funciones, tienen la forma de naves abovedadas de medio cañón. Delante de ellos vemos un largo soportal con arcos de medio punto que unifica el conjunto, a su vez cubierto por bóvedas de arista; por cierto, realizadas en ladrillo compacto, sobre muros de carga y altas columnas de granito. Aquí, por una desconfianza en el juego de masas, se empleó un sistema de "barrones" de hierro que atirantan la edificación (solución que discutía académicamente Sánchez Bort). En su aspecto frontal destaca la sensación de horizontalidad, contrapuesta al ritmo vertical de los altos pilares del pórtico, cuya forma es cajeada.

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