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Vida a bordo Actividades

XC Crucero de Instrucción .- Buque escuela 'Juan Sebastián de Elcano'

sábado, 11 de agosto de 2018

Vida a bordo, 11 de agosto de 2018

Mi última y larga noche

Hubiese preferido montar guardia en mi última noche. Al menos así no habría pasado sueño en balde. O al menos eso pensaba mientras daba vueltas en la cama. Era mi última noche a bordo y no podía conciliar sueño alguno a pesar de haber dormido poco el día anterior (fruto de las guardias y la actividad frenética de los últimos días).

Sabía que al día siguiente me reencontraría con mi familia, a la que hacía medio año que no veía. Por fin volvíamos a casa, a España. Me iría de vacaciones. Todo muy idílico. Pero entre tanta alegría no podía parar de pensar que era mi última noche en el “Elcano”.

Sabía que este día llegaría. Y no os voy a mentir, había días en los que deseaba que llegara ya. Se dice mucho en nuestra profesión aquel dicho de cuidado con lo que pides, no vaya a ser que te lo den… ¡Qué gracia! Pero el ser humano es así de inconformista: queremos lo que no tenemos y no valoramos lo que tenemos. Y entre medias ahí seguía yo dando vueltas en la cama. ¿Cómo es posible que un montón de hierro y cabos me quiten el sueño?

Este barco tiene algo que lo hace distinto al resto. Sólo hay que ver el cariño que le tenemos, no solo los más de 20.000 marinos que hemos servido en él, sino las miles y miles de personas que han pisado su cubierta, o los cientos de miles que lo han visto o han oído hablar de ese barco blanco, español, que surca los 7 mares desde hace ya casi un siglo, ese Embajador y Navegante.

En este buque-escuela embarqué de guardiamarina hace unos años para después volver de alférez de navío, de proto (profesor). Pues curiosamente he aprendido más en mi segunda etapa que en la primera, cuando lo lógico sería pensar que fue al revés. He madurado lo que no está escrito, como persona pero también como marino. He recorrido medio mundo. He conocido a gente maravillosa a bordo y en cada uno de los puertos que he visitado. He probado cosas nuevas, he visto cosas sorprendentes, hasta me he enamorado…varias veces…en muchos puertos. Y he envejecido, mi pelo puede dar fe de ello.

Por eso sé que voy a echar de menos a este bergantín-goleta. Por eso me gustaría quedarme más años. Pero la realidad es que este barco no merece que abusemos de él. Y quedarme sería abusar, porque me estaría dando más él a mí que yo a él. Eso no puede ser. Aquí más que en el resto de barcos debemos dar todo lo que tenemos y luego más. Porque de ello dependen los guardiamarinas que embarcan para cada crucero de instrucción. Sin ellos no tendría sentido el “Juan Sebastián de Elcano”, ni los guardiamarinas tendrían sentido sin el “Juan Sebastián de Elcano”. Aquí embarcan niños y salen hombres. Y eso solo lo conseguimos si todos, de paje a rey, nos volcamos en ellos.

Así que muy a mi pesar, es el momento de desembarcar. Quién sabe si volveré, ojalá. Pero como no sabemos las vueltas que da la vida, es mejor no pensar en eso, sino en los buenos momentos que hemos vivido a bordo, y en los malos también. Porque de todo se aprende y con el paso del tiempo hasta los malos momentos te sacan una sonrisa.

Me voy con la íntima satisfacción del deber cumplido, pero en deuda con este barco que tanto me ha dado, al que sólo me queda darle las gracias. Ya llegan los primeros bostezos. Puede que desahogar mis penas en este diario haya surtido efecto.

¡Buenas noches!

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